En tiempos más recientes, nuestros muertos, o al menos nuestros rituales para guardarles memoria, también comenzaron a cruzar las fronteras del país. Primero, de la mano de las comunidades migrantes; después, desde los museos, las pantallas cinematográficas y los grandes espectáculos internacionales.
Hoy, las calaveras, las catrinas y las flores de cempasúchil forman parte de una iconografía reconocible en distintas regiones del mundo, mientras que en México la conmemoración moviliza un mercado estimado en 53,000 millones de pesos, de acuerdo con la Concanaco-Servytur al 18 de octubre de 2026. Pero ¿cuánto de la tradición mexicana ha viajado realmente con sus símbolos?
La transformación de este punto clave de la proyección de la cultura mexicana cada año tiene antecedentes previos a todo lo que ha podido proyectar el cine contemporáneo sobre la cultura alrededor del Día de Muertos.
En Los Ángeles, Estados Unidos, por ejemplo, el festival de Día de Muertos del cementerio Hollywood Forever —el más famoso de la ciudad— comenzó en el año 2000, mucho antes de que Hollywood convirtiera la fecha en argumento cinematográfico, y para este año espera una asistencia de 35,000 visitantes.
Otro momento decisivo llegó en 2003, cuando la UNESCO proclamó las fiestas indígenas dedicadas a los muertos como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. Asimismo, en 2008, la misma manifestación fue incorporada a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial.
No obstante, es necesario precisar que dichos nombramientos distinguieron las prácticas rituales de las comunidades indígenas, cuya relación con la muerte, el ciclo agrícola y la memoria colectiva forma parte de un entramado cultural mucho más amplio que las imágenes hoy difundidas internacionalmente.
De los cementerios a las pantallas
La economía de una tradición
La visibilidad internacional de nuestra celebración de muertos tiene un correlato económico, aunque no toda la actividad comercial puede atribuirse directamente a ella.
La Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco-Servytur) estima que entre el 25 de octubre y el 2 de noviembre de 2026 el Día de Muertos generará una derrama nacional de 53,000 millones de pesos, frente a los 49,500 millones estimados en 2025 y 45,318 millones en 2024. Se trata de un crecimiento nominal acumulado de 16.9% en dos años.
La Secretaría de Turismo también identificó un flujo considerable de visitantes internacionales. Y es que para la temporada de 2024, la dependencia estimó 274,000 turistas extranjeros hospedados en hoteles del país, equivalentes al 22.2% del total. Para 2025 proyectó una participación extranjera de 27% sobre 1.6 millones de turistas hospedados.
Detrás del movimiento turístico existe, asimismo, una cadena de producción tradicional. Según información agrícola federal, en 2024 se registraron 20,659 toneladas de cempasúchil, además de 3.16 millones de plantas y más de medio millón de manojos comercializados bajo distintas unidades de medición, con un valor conjunto de producción superior a 214 millones de pesos.
No obstante en este 2026, en la Ciudad de México la producción de cempasúchil alcanzó aproximadamente 10 millones de plantas, 53.8% más que en 2025. Por su parte, la Cámara de Comercio capitalina calcula una derrama de 12,022 millones de pesos durante las celebraciones.
Las cifras permiten dimensionar el alcance turístico y comercial de la temporada, pero no ofrecen una medición del valor económico mundial de la festividad ni del número de personas que preservan sus prácticas tradicionales.


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