Luego, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) informó que la infraestructura petrolera de la isla no resultó dañada.
De acuerdo con el exgeneral de brigada del Ejército estadounidense Mark Kimmitt, Washington ha pasado de "un simple 'eliminar al Ejército, eliminar al régimen'" a intentar aniquilar "el motor económico del país", supuestamente manteniendo a la isla "como rehén" para garantizar que Irán permita el paso de barcos por el estrecho de Ormuz.
Si Washington decidiera ir más allá y destruir de forma sistemática la infraestructura de exportación de Jark —tanques, oleoductos internos, puntos de carga y sistemas de bombeo—, el impacto sería doble: asfixia económica para Irán y 'shock' energético global. Por otra parte, expertos también han argumentado que intentar tomar el control o atacar la isla de Jark requeriría un número significativo de tropas terrestres, algo que la Administración Trump se ha mostrado reacia a solicitar hasta ahora.
- Con alrededor del 90 % de las ventas de petróleo pasando por Jark, la destrucción de su terminal dejaría a Irán prácticamente sin salida formal al mercado internacional. Otros puertos iraníes tienen capacidades muy inferiores; su función principal es el gas, los petroquímicos y las operaciones regionales limitadas. Un ataque contra ellas obstaculizaría las exportaciones de petróleo de Irán, que oscilan entre 1,4 y 1,7 millones de barriles diarios.
- Los daños a estas plataformas también provocarían un aumento de los precios mundiales del petróleo.
- Con el estrecho de Ormuz prácticamente cerrado y una subida del precio del crudo superior al 40 % desde el inicio de la agresión, los bombardeos sobre Jark elevan de por sí el nivel de riesgo para el mercado petrolero. La prensa económica europea ya advertía estos días de que un ataque serio a Jark sería un "desastre" para la economía iraní, pero también un factor de inestabilidad para el mercado: China, principal comprador del crudo iraní, tendría que reorientar sus compras, y el resto de importadores competiría por un volumen menor de barriles disponibles.
- Ataques aéreos contra Jark podrían interrumpir la mayor parte de las exportaciones de crudo iraní durante semanas o meses y agravar una crisis económica interna, resalta Bloomberg.
- Según medios, el impacto más inmediato es un aumento vertiginoso de los costos energéticos, que incluyen tanto los gastos directos de producción como los costos ocultos a lo largo de las cadenas de suministro. Estos factores, a su vez, alimentarían la inflación en grandes economías industrializadas, incluida la estadounidense, algo que la Administración Trump querría evitar en un año electoral.
- Ante esas nuevas acciones militares de EE.UU., el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, advirtió el jueves que los ataques contra las islas situadas en la frontera marítima sur de Irán provocarían que la República Islámica "abandone toda moderación". Asimismo, desde el cuartel general de Jatam al Anbia avisaron que, en caso de ataque a las infraestructuras petroleras, económicas y energéticas iraníes, "inmediatamente todas las infraestructuras petroleras, económicas y energéticas pertenecientes a compañías petroleras en toda la región que tengan acciones estadounidenses o colaboren con Estados Unidos serán destruidas y convertidas en un montón de cenizas".
- Mientras tanto, los futuros globales del petróleo subieron el viernes un 2,7 %, hasta situarse por encima de los 103 dólares por barril, lo que supone un alza acumulada del 40 % desde el inicio de la guerra.
- El Brent, referencia mundial, cerró en 103,14 dólares por barril, su nivel más alto de cierre desde agosto de 2022. Solo en la última semana avanzó más de un 11 % y acumula más de un 40 % de subida desde que comenzó la guerra a finales de febrero. El West Texas Intermediate, referencia estadounidense, terminó la sesión en 98,71 dólares por barril.
- Desde que Estados Unidos e Israel atacaron Irán el 28 de febrero, los mercados petroleros se han movido de forma convulsa. El precio del Brent llegó a rozar los 120 dólares por barril el lunes, ante el temor de recortes duraderos en la oferta. Desde entonces las cotizaciones han retrocedido, pero siguen muy por encima de los niveles previos al estallido del conflicto.



















