Los recientes temblores en América Latina dejan clara la necesidad de aplicar medidas de sismorresistencia para minimizar daños.
Fuertes terremotos como los ocurridos este año en Chiapas (México), Venezuela, Colombia y, recientemente, Perú, han llamado la atención sobre los efectos devastadores en la infraestructura y las construcciones, sin mencionar las pérdidas de vidas humanas.
Para la población de estos países, los temblores
son una experiencia casi diaria debido a la zona en la que se
encuentran, con grandes fallas geológicas y por su cercanía al cinturón
de fuego del Pacífico. Pero los terremotos sufridos recientemente son
una realidad totalmente diferente, debido a los incendios, el colapso de
construcciones y la ocurrencia de réplicas.
Además, se han producido saqueos, un éxodo poblacional por la falta
de viviendas y la caída de los servicios públicos. Con la interrupción
de las actividades económicas,
también se ven fuertemente afectadas las posibilidades de generar
ingresos. Las perspectivas de recuperación de las condiciones de vida y
de la reconstrucción de edificios son a largo plazo y requerirán grandes esfuerzos a nivel local y nacional.
Es precisamente en esta tarea en la que habrá que aplicar normas y
estándares técnicos que se correspondan con las condiciones sísmicas de
estas zonas geológicamente expuestas.
Pero, al mismo tiempo, es de suma importancia invertir en la
preparación de la población para hacer frente a este tipo de situaciones
de desastre.
La dimensión sismorresistente
Técnicamente, se deben aplicar medidas de sismorresistencia en la
construcción de los edificios. En primer lugar, hay que recordar que un
evento sísmico es una situación muy compleja que incluye muchos
factores, como las características del propio sismo,
las condiciones del suelo, el sistema estructural, la calidad de la
construcción, el comportamiento de los materiales utilizados, el peso
total de la edificación y su mantenimiento.
A algunos de estos factores pueden corresponder normas técnicas de
sismorresistencia, entendida como la cualidad o propiedad de las
estructuras y construcciones para soportar y mitigar las fuerzas
causadas por un sismo al disipar la energía del terremoto de forma
controlada.
El criterio que se sigue es que la estructura debe tener capacidad de
"ir y venir", es decir, deformarse y resistir el movimiento sin venirse
abajo mientras las personas pueden evacuar. Por tanto, es evidente que
la calidad de la construcción y el comportamiento de la población deben
complementarse para proteger a la población y reducir los posibles daños
en los edificios. Los elementos de disipación de energía, como los
amortiguadores sísmicos y los dispositivos de absorción de choque, han
demostrado ser muy útiles, por lo que se deben promover diseños que
busquen la flexibilidad y la capacidad de deformación controlada.
Todo comienza con el análisis de la calidad de los suelos donde se vaya a realizar una construcción. Para un perfil de riesgo,
es esencial que sean firmes y resistentes para amortiguar las
vibraciones de los seísmos. Un factor central es la calidad y la
cantidad de los materiales utilizados. Esto es especialmente cierto en
el caso de la construcción informal, que en la gran mayoría de los casos
no cumple las normas sismo-resistentes establecidas y se limita a
cumplir la ley en la medida mínima necesaria para reducir costes. En
muchos casos, en este sector, el sistema estructural no es apto para
resistir las actividades sísmicas y es susceptible de sufrir daños
graves o incluso de colapsar debido a un evento destructivo. Edificios de uso público con carácter antisísmico
El hecho de que se vean edificios comerciales, hospitales, escuelas,
etc...con paredes rotas y fachadas dañadas indica que hay que considerar
medidas de protección más rigurosas para este tipo de construcciones,
de modo que alcancen un nivel mayor de sismorresistencia.
En obras de infraestructura crítica, como hospitales o aeropuertos, y
en áreas de afluencia masiva de personas, como centros comerciales,
deberían aplicarse criterios antisísmicos de construcción que aspiran al
aislamiento sísmico, ya que permiten desacoplar parcialmente la
estructura del movimiento de la cimentación.
Esto implica que, mientras el suelo se mueve, entren en
funcionamiento aisladores que reduzcan la cantidad de movimiento que
llega al edificio. Las experiencias de Japón
y otros países con alta incidencia sísmica pueden ser instructivas al
respecto. Por lo tanto, es altamente recomendable que en la
reconstrucción de edificaciones públicas y de mayor afluencia de
personas se apliquen factores de seguridad más altos para controlar
posibles daños a personas y estructuras.
La resiliencia social ante los terremotos
Sin embargo, este tipo de prevención solo puede surtir efectos reales
si va acompañado de programas de información e instrucción para lograr
una "conciencia sísmica" en la población. Para ello, en muchos países se
realizan simulacros para comprobar las rutas de evacuación, identificar
las zonas de seguridad y proteger la vida en casa, en las escuelas o en
los lugares de trabajo.
El objetivo es que la respuesta sea automática, sin depender del
razonamiento en un momento de estrés, en el que la capacidad de pensar
tiende a ralentizarse o incluso bloquearse por completo. En varios
países se han establecido simulacros obligatorios y ejercicios anuales
de evacuación por sismo, nuevas formas de comprender la magnitud de los
terremotos y la importancia de estar preparados ante este peligroso
evento, aunque hay que constatar que este tipo de prevención se ha ido
perdiendo en otros países.
También se utilizan vehículos especiales que simulan las magnitudes
de los dos últimos grandes terremotos para concienciar a la población,
incluso en localidades retiradas, sobre los efectos de los sismos y las
medidas de prevención.
No siempre se puede contar con una alarma de antelación que permita
buscar un lugar seguro y saber cómo actuar antes, durante y después de
un terremoto para proteger la vida propia y la de los familiares. Fugas
de gas, interrupciones en los servicios de agua y electricidad, daños a
la infraestructura crítica y desalojos en distintas áreas son retos
adicionales a los que hay que prepararse en situaciones de mayor
confusión.
La experiencia de la actividad sísmica
y su frecuencia deberán servir de enseñanza para asumir mayores
esfuerzos en la prevención de desastres, que siempre se producen con
grados muy limitados de previsibilidad.
Nota cortesía:
Fuente de información:
Günther Maihold (24 de agosto de 2026). Terremotos en Latinoamérica: la sismorresistencia es clave. DW en Español. Alemania. Recupreado el 26 de agosto de 2026 de: https://www.dw.com/es/latinoam%C3%A9rica-y-los-terremotos-la-sismorresistencia-es-clave/a-78485335
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