EEUU prohíbe los robots humanoides de otros países, un mercado dominado
por China. Lo que, según Washington, es una medida de seguridad, es
visto por analistas como un intento de proteger la industria robótica
nacional.
En la muestra más reciente de la amenaza que representa China para el liderazgo tecnológico de Estados Unidos, la administración Trump prohibió el martes (28.07.2026) la entrada al país de nuevos robots humanoides y cuadrúpedos fabricados en el extranjero.
La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) justificó la decisión por
los "riesgos inaceptables" que estos dispositivos plantean para la
seguridad nacional.
La FCC señaló que los robots "recopilan datos que podrían ser
aprovechados por actores maliciosos para vigilar a ciudadanos
estadounidenses, mejorar las capacidades de servicios de inteligencia
extranjeros o tomar el control remoto de los robots".
La medida es considerada ampliamente como un golpe dirigido
directamente a China, que el año pasado representó el 85 % de los
despliegues de robots humanoides, según el banco británico Barclays.
¿Qué tan seria es la amenaza para la seguridad que representan los robots chinos?
Las autoridades estadounidenses advierten de que los robots
humanoides y cuadrúpedos chinos pueden recopilar datos detallados de
ubicación y datos personales, ser controlados de forma remota y
representar riesgos para infraestructuras críticas de Estados Unidos.
Las preocupaciones se centran especialmente en el posible uso dual de
estos robots (tanto con fines civiles como militares).
Unitree Robotics, uno de los principales fabricantes chinos de
robots, figura en la lista del Pentágono de empresas con vínculos con el
Ejército chino. Sus robots han sido utilizados en ejercicios militares.
Investigadores también han demostrado que los robots de Unitree
presentan vulnerabilidades de seguridad que permiten a un atacante tomar
el control mediante un comando de voz y utilizar después un robot para
controlar a otros.
Washington también teme que una gran cantidad de robots chinos de
bajo costo pueda alimentar con datos del mundo real a sistemas chinos de
inteligencia artificial, que están acortando rápidamente la distancia con sus competidores estadounidenses.
Sin embargo, la amenaza sigue siendo en gran medida teórica, ya que
la mayoría de los robots humanoides comerciales aún se encuentran en
etapas tempranas de desarrollo.
China ha rechazado las acusaciones e insiste en que Washington
utiliza la seguridad nacional como pretexto para aplicar medidas
proteccionistas y frenar la tecnología china. Se espera que Pekín
responda con contramedidas, que podrían incluir restricciones a materias
primas que las empresas estadounidenses de robótica necesitan
urgentemente para ampliar su producción.
La administración Trump no ha ocultado su deseo de apoyar a la
industria robótica nacional, que, a su vez, respalda el despliegue de
inteligencia artificial en Estados Unidos, un sector valorado en casi un
billón de dólares. Según observadores de dicha industria, el presidente
estadounidense, Donald Trump, quiere garantizar que compañías como
Figure AI, Tesla Optimus
y Agility Robotics estén protegidas frente a los fabricantes chinos de
gran volumen, cuyos robots suelen costar la mitad, o incluso menos, que
los de sus competidores estadounidenses.
Washington ya ha impuesto restricciones similares a los drones y
paneles solares chinos, y actualmente aplica un arancel del 100 % a los
vehículos eléctricos procedentes de China.
¿Ayudará la prohibición a que los fabricantes estadounidenses se pongan al día?
La prohibición es vista ampliamente como un intento de Trump de ganar
tiempo, después de haber sido tomado por sorpresa por la rapidez con la
que China escaló la producción de robots.
Según la analista tecnológica Omdia, China cuenta con seis empresas
entre las diez primeras del sector. Estas compañías enviaron cerca de
11.600 robots humanoides el año pasado, frente a apenas unos cientos de
unidades producidas por empresas estadounidenses.
En marzo, Bank of America pronosticó que los envíos podrían alcanzar alrededor de 90.000 unidades para finales de este año.
En términos generales, se considera que Estados Unidos tiene ventaja a
la hora de dotar de "inteligencia" de los robots gracias a sus
avanzados sistemas de IA, mientras que China lidera la producción masiva
de robots más baratos y con mejor movilidad gracias a actuadores de
alto rendimiento o músculos robóticos, dispositivos que convierten la
energía en movimiento físico.
Rush Doshi, director de la Iniciativa sobre Estrategia hacia China
del Consejo de Relaciones Exteriores, describió la prohibición como "una
de las medidas más significativas adoptadas hasta ahora en apoyo del
ecosistema robótico estadounidense".
Evan Beard, director ejecutivo de Standard Bots, fabricante de brazos
robóticos, considera que la administración Trump está enviando a China
un mensaje "inequívoco".
"La robótica es una tecnología que Estados Unidos debe liderar y
poseer, y no se permitirá que robots subsidiados desde el extranjero
dominen injustamente la robótica estadounidense (...)", escribió Beard
en X.
Sin embargo, los críticos consideran que la prohibición podría
ralentizar la innovación estadounidense en inteligencia artificial, ya
que actualmente los investigadores se benefician de poder realizar
pruebas con robots chinos de bajo costo.
"Las restricciones pueden reducir la exposición a riesgos de
seguridad, pero por sí solas no crean un ecosistema nacional
competitivo", escribió en X Georg Stieler, asesor de la industria
robótica.
La cadena estadounidense CNBC citó a Marc Einstein, director de
investigación de Counterpoint Research, quien afirmó que la prohibición
es una "mala noticia para los fabricantes chinos de robots humanoides
que planean sus salidas a bolsa en los próximos meses".
Einstein advirtió que ahora Pekín podría "restringir aún más la venta
de tierras raras a empresas estadounidenses y también el acceso al
mercado chino para compañías estadounidenses como Tesla y Nvidia".
¿Qué tan grande podría llegar a ser el mercado de los robots humanoides?
Barclays estima que el mercado, actualmente valorado en apenas entre
2.000 y 3.000 millones de dólares (entre 1.700 y 2.600 millones de
euros), podría alcanzar los 200.000 millones de dólares en 2035 en el
escenario más optimista, siempre que se logren mejoras en la
inteligencia, la fuerza física y las baterías de los robots.
Elon Musk
es todavía más optimista y asegura que Optimus, el robot humanoide de
Tesla, podría convertirse en "el producto más grande de todos los
tiempos", con unas ventas potenciales a largo plazo de hasta 10 billones
de dólares.
A gran escala, Musk cree que estos robots, que actualmente se venden
por unos 100.000 dólares, podrían llegar a costar entre 20.000 y 30.000
dólares por unidad, un precio lo suficientemente bajo para que sean
utilizados en fábricas, almacenes y, más adelante, también en los
hogares.
Al combinar las previsiones de Barclays con los objetivos de precio
planteados por Musk, se obtiene una estimación de entre 7 y 10 millones
de robots humanoides vendidos cada año hacia 2035.
A corto plazo, estos dispositivos están llamados a asumir tareas
repetitivas y físicamente exigentes en almacenes y fábricas. Más
adelante podrían extenderse a sectores como la salud, la atención a
personas mayores y las tareas domésticas.
(cm/cp)
Nota cortesía:
Fuente de información:
Nik Martin (3 de agosto de 2026). Humanoides: ¿nuevo frente en la guerra comercial con China? DW en Espáñol. Alemania. Recuperado el 4 de agosto de 2026 de: https://www.dw.com/es/robots-humanoides-el-nuevo-frente-de-trump-en-la-guerra-comercial-con-china/a-78223933
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