En una nave de más de cien metros de largo, innumerables robots zumban, pitan y parpadean por todas partes. Actualmente, solo unas doce personas trabajan aquí; el resto está automatizado.
Rara vez los periodistas tienen acceso a esta fábrica china de alta tecnología. Y cuando lo hacen, las normas son tajantes: nada de fotos. La planta, rodeada de secretismo, no está en China, sino en Arnstadt, una pequeña localidad de Turingia. Es propiedad de CATL, el líder chino del mercado mundial de baterías para autos eléctricos. Cada año, aquí se producen baterías para al menos 200.000 vehículos.
La producción directa en Europa acorta las rutas de transporte de las pesadas e inflamables baterías. Y también evita riesgos geopolíticos como los aranceles punitivos. Pero el trabajo de CATL también representa un cambio en las relaciones comerciales entre China, Alemania y la UE.
De "Made in Germany" a "Made in China 2025"
Durante décadas, la etiqueta "Made in Germany" sirvió como modelo de los estándares de producción modernos para China. Ya en la década de 1980, la planta conjunta de VW en Shanghái impresionó a los socios chinos. Más de veinte años después, Alemania se centró en la producción inteligente en red para aumentar la productividad y la eficiencia, todo bajo la palabra de moda, Industria 4.0.
La industria manufacturera china lleva tiempo queriendo dejar atrás su imagen como proveedor de bajo coste. La iniciativa Industria 4.0 de Alemania ofreció una oportunidad. En 2014, ambos países acordaron acuerdos de cooperación. En aquel momento, los empresarios chinos estaban fascinados por las fábricas modelo de Siemens. En mayo de 2015, Pekín presentó un plan estratégico de modernización para convertirse en un líder global en industrias clave. Se llamaba "Made in China 2025" (MiC 2025).
El ascenso tecnológico de China
Hoy día, China lo ha logrado en muchos ámbitos. En otros, al menos, es un competidor serio. Oliver Wack, de la Federación Alemana de Ingeniería Industrial (VDMA), señala la creciente presión competitiva: "En 2018, las empresas chinas de ingeniería mecánica entregaron bienes valorados en 20.000 millones de euros a la UE. En 2024, fueron 40.000 millones; este año, quizá 50.000 millones". Sin embargo, Alemania sigue exportando más máquinas a China que al revés, según Wack.
En otras industrias, como la energía verde, la electromovilidad y la tecnología ferroviaria, la presión es aún mayor. Carlo Diego D'Andrea, de la Cámara de Comercio de la UE en Shanghái, explicó en una entrevista con la televisión pública alemana ARD que la capacidad solar y eólica de China supera a la de todos los países del mundo. China también domina el mercado mundial de drones con una cuota del 70 por ciento. La situación es similar con los autos eléctricos.
Europa y el "Made in China 2025"
Con la agenda "Made in China 2025", Pekín empezó a dar pasos importantes, no sin causar recelos en Alemania. Como la adquisición del tradicional fabricante alemán de robots Kuka por la empresa china Midea en 2016. El Instituto Mercator de Estudios sobre China advirtió en su momento que la transferencia de tecnología podría traer ganancias a corto plazo, pero riesgos a largo plazo para Alemania y Europa.
Clas Neumann, entonces vicepresidente de SAP, lo veía todavía lejano en 2016: China no podría superar a Alemania en algunas industrias "a corto plazo; se necesitan al menos entre 20 y 30 años para dominar estos procesos y tecnologías". Pero China elevó el gasto en investigación y desarrollo de un 1,37 por ciento del PIB en 2007 al 2,56 por ciento en 2022. LAs cifras se cuadruplicaron entre 2014 y 2024. Solo Estados Unidos está gastando más en investigación actualmente.
Camille Boullenois, experto en China de la consultora Rhodium Group con sede en Nueva York, explicó que Pekín había logrado los principales objetivos de "Made in China 2025" mediante subvenciones masivas: reduciendo la dependencia de la tecnología occidental y ganando cuota de mercado. Incluso en áreas donde China sigue rezagada, como la aeroespacial o los semiconductores de alto rendimiento, China "se pondrá al día con los desarrollos actuales en unos pocos años", augura Boullenois.
Sin embargo, considera insostenibles esas masivas subvenciones. "El sistema económico chino está fuertemente orientado a la producción. Las empresas tienden a sobreinvertir, lo que significa que la capacidad de producción supera la demanda interna. Esta sobrecapacidad está saturando el mercado de exportación y supone un reto para las empresas europeas", protesta.
"La cooperación podría ser rentable si las empresas chinas producen localmente en Europa", afirma no obstante Boullenois. "Incluso con subvenciones y ventajas de coste, la UE tiene instrumentos para garantizar una competencia justa", añade.
"Made in China" también es "Made in Germany"
La planta de baterías de CATL en Arnstadt es un ejemplo. Actualmente, solo provienen de China alrededor de un diez por ciento de los más de 1.700 empleados de la planta, que además colabora con universidades locales y cámaras de comercio para promover el talento joven y la formación.
El alcalde de Arnstadt, Frank Spilling, elogia: "¡Valor absolutamente añadido! Los jóvenes ya no tienen que irse a ningún otro sitio, pueden empezar un aprendizaje aquí. Eso es lo mejor que nos puede pasar. Un segmento emocionante, un líder de mercado que se instala en Arnstadt, es bueno para nuestra ciudad en general". Además, los proveedores ya se han instalado también en la zona.
Todos ganan, ¿pero cómo?
Roland Weidl, director de un centro de investigación de baterías (Fraunhofer IKTS BITC), declaró a DW que la cooperación es "una situación en la que todos ganan, la industria, la investigación y los negocios. Pueden aprender unos de otros en todo momento". Él considera que el éxito de las empresas tecnológicas chinas está estrechamente ligado a la promoción continua de las tecnologías del futuro por parte de Pekín.
Camille Boullenois, del Rhodium Group, señala que las empresas chinas se beneficiaron enormemente de la transferencia tecnológica de las empresas occidentales. Ahora Europa podría aprender de esto y usar su propio mercado interior para atraer inversiones, facilitando la creación local de valor y promoviendo el intercambio tecnológico.
La UE está considerando establecer condiciones para que las empresas chinas inviertan en Europa creando valor local y empleo. El Comisario de Comercio de la UE, Maros Sefcovic, insistió el pasado octubre en que deben ser "inversiones reales" que permitan la transferencia de tecnología, "tal y como hicieron las empresas europeas cuando invirtieron en China".




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