Qué tal, raza. Aquí su servidor, el Chilango Rifado, reportándose desde Brooklyn, donde las modas a veces nacen tan rápido que ni el metro da tiempo a seguirlas. Pero hoy les quiero platicar de algo que he visto crecer entre los dueños de perros: la moda de los perros mariguanos.
Sí, como lo leen. Y antes de que me lluevan los juicios, les cuento mi experiencia.
Todo empezó hace unos meses con mis nuevos perros (recuerden que las yorkshire se me murieron), cuando noté que mi Bulldog Francés, Chorizo, y la chihuahua mix, Nube, andaban con un estrés que ni el paseo en el parque les calmaba. Ansiedad por ruidos, patitas temblorosas, hasta se pelaban entre ellos por cualquier cosa. Un compa del barrio, que también es de los nuestros (mexas que extrañamos el terruño pero amamos esta ciudad), me comentó: “Oye, ¿y si les das un poco de aire de tu churro? No directo, algo leve, pa’ que se relajen”.
Al principio me reí. Luego me preocupé. Pero después, viendo a otros perros en el parque de Williamsburg con dueños que hablaban de dosis micro, de aceites especiales y de “sesiones de humo compartido”, decidí probar. Con cuidado, con respeto y nunca excediéndome.
Les juro que la primera vez que encendí un churro en mi departamento (con ventanas abiertas, sin echárselos en la cara), Chorizo y Nube se acercaron curiosos. Respiraron el ambiente, se acomodaron a mi lado y, después de unos minutos, se pusieron a jugar tranquilos, sin esos nervios de siempre. Con el tiempo, noté cambios más claros:
· Chorizo ya no babeaba de ansiedad cuando yo salía.
· Nube dejó de temblar con las sirenas.
· Los dos duermen más profundo, juegan con más energía al día siguiente y hasta su pelaje se ve más brillante.
Yo no les doy directamente, ni los obligo. Es como una terapia ambiental compartida. Les llamo “mis perros mariguanos” porque han encontrado su balance, y yo he encontrado una manera de conectar con ellos desde la calma, no desde el caos neoyorquino.
Esta moda, que sé que está creciendo en barrios como Bushwick, Harlem y hasta en algunos loft de Manhattan, no es solo darle marihuana a lo loco a tu perro. Los que estamos en esto hablamos de cantidades mínimas, de cepas específicas (siempre consultando con veterinarios abiertos de mente), y sobre todo, de observar a nuestro animal. No todos los perros reaccionan igual.
Claro, ya me han dicho de todo: que soy irresponsable, que los intoxico, que esto es maltrato. Pero yo pregunto: ¿qué es más estresante para un perro, vivir en un departamento pequeño con un dueño ansioso y una ciudad ruidosa, o tener momentos de relajación controlada en un ambiente seguro?
Los perros mariguanos no son perros “drogados”, son perros que han encontrado un alivio a su ansiedad urbana. Y mientras la ciencia se pone al tiro (ya hay estudios en Colorado y California sobre cannabis y mascotas), nosotros seguimos observando, cuidando y, sí, compartiendo ese momento de paz que el humo nos trae.
Ojo: esto no es para todos. Si no sabes, no experimentes. Y siempre, siempre, prioriza a tu mascota.
¿Ustedes qué opinan? ¿Han escuchado de esta moda? ¿Creen que es una exageración o una nueva forma de bienestar animal?
Abrazo perruno,
El Chilango Rifado.
P.D. si quieren saber como murieron mis antiguas perritas, den clic aquí.


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