Fundada en 1506 como regimiento mercenario
al servicio de Julio II, la Guardia Suiza lleva 500 años protegiendo al
pontífice y la Ciudad del Vaticano de todo tipo de amenazas.
En la Italia de principios del siglo XVI los mercenarios
suizos alcanzaron una gran popularidad entre los múltiples estados que
se disputaban la península. Contratados en Suiza a cambio de una
generosa paga, estos soldados combatían en grandes bloques de picas que acudían al combate apoyados por destacamentos de arcabuceros, convirtiéndose en los primeros soldados profesionales de Europa.
Escapando una nación superpoblada donde el trabajo escaseaba, muchos jóvenes helvecios escuchaban la llamada de las armas, y sería en Roma donde se les presentaría su próxima oportunidad laboral. Como señor de un pequeño reino en el centro de Italia, el papa Julio II había iniciado una serie de guerras para ampliar los dominios de la Iglesia, y en 1505 contactó con la Federación de Cantones suiza para contratar a hombres con los que formar una guardia personal.
Defensores del pontífice
Sus enviados recorrieron el país contratando a soldados veteranos de entre los cantones católicos (pues su fe los haría más fiables), y el 22 de enero de 1505 150 soldados suizos entraron en Roma al mando de Kaspar von Silenen recibiendo la bendición del papa e integrándose en el ejército pontificio.
Como
guardaespaldas papales la misión principal de la nueva Guardia Suiza
era la de proteger la persona del papa, sus palacios y tesoro. Pero en
esos primeros años también tomaron parte en campañas como la de Julio II contra Perugia y Bolonia,
empresa en la que impresionaron tanto al Santo Padre que este
estableció un acuerdo quinquenal con la Federación para contar con un
flujo constante de soldados suizos.
Al contrario que el vistoso traje por el que son conocidos actualmente (y que no apareció hasta el siglo XX) los suizos no llevaban de hecho uniforme,
sino que como el resto de soldados de la época cada cual se vestía como
quería diferenciándose del enemigo solo por una banda o brazalete de un
color particular.
Así los representó Rafael
en en fresco de los apartamentos vaticanos, donde cinco guardias
aparecen arrodillados a los pies de Julio II cada uno con un atuendo
diferente. Respecto a su armamento, preferían las espadas a dos manos y alabardas con las que habían ganado fama, protegiéndose con una amplia variedad de corazas y cascos.
En los años siguientes la Guardia fue creciendo hasta llegar a los 189 hombres durante el pontificado de Clemente VII, quien cometió el error de aliarse con Francia contra Carlos V provocando que el ejército imperial marchara contra Roma en mayo de 1527.
Tras derrotar a las Bandas Negras que protegían la Urbe, los
mercenarios imperiales (en su mayoría protestantes alemanes) entraron en
la ciudad en una orgía de saqueos y asesinatos.
Clemente solo se salvó de ese Saco de Roma gracias al
heroico sacrificio de 147 suizos, quienes contuvieron al enemigo en el
interior de la basílica de san Pedro con sus vidas, mientras el pontífice huía por un pasadizo subterráneo hasta el castillo de Sant’Angelo.
Declivio y modernización
El fin de las guerras de Italia mediante la paz de Cateau-Cambrésis
en 1559 supuso el fin del papel militar de los suizos, que ahora
pasaron a proteger también los palacios y enviados del papa.
Desgraciadamente los largos siglos de paz mermaron su efectividad, y
cuando en 1805 Napoleón atacó Roma para secuestrar a Pío VII no opusieron resistencia, como tampoco lograron impedir la caída de la ciudad durante la unificación de Italia culminada en 1870.
Reducida a una sombra de lo que fue en su día, la Guardia Suiza fue declinando en la segunda mitad del siglo XIX, abandonando
los orígenes suizos de la unidad para convertir el puesto en algo
hereditario, quedando convertida en una institución ceremonial equipada
con armas obsoletas.
Por fortuna todo ello cambiaría con el nombramiento de Jules Repond como comandante en 1910, quien reconstruyó la institución de arriba a abajo, implantando un programa de entrenamiento militar con asesores externos al tiempo que modernizaba el arsenal e introducía el uniforme actual.
Volviendo al reclutamiento en Suiza, Repond estableció los estrictos
requerimientos que todavía se aplican hoy en día; aceptando la Guardia
solo a varones católicos de entre 19 y 30 años con experiencia militar previa y vinculados al cuerpo por un contrato de dos años.
Junto a la gendarmería pontifica los 135 suizos de la Guardia se encargan actualmente de custodiar las cuatro puertas que llevan al Vaticano y la entrada a recintos como la basílica de San Pedro,
pero su mayor responsabilidad sigue siendo, como desde su fundación, la
protección del pontífice y los asistentes a grandes eventos como los
concilios o el cónclave de cardenales que debe elegir al papa.
Nota cortesía:
Fuente de información:
Francesc Cervera (19 de febrero de 2025). De mercenarios a cuerpo de élite: La historia de la Guardia Suiza, el ejército privado del papa: National Geographic en Español. España. Recuérado el 26 de diciembre de 2025 de: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/historia-guardia-suiza-ejercito-privado-papa_23126
Imágenes tomadas de la red. Todos los créditos y derchos de autor a sus propietarios.
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