sábado, 13 de diciembre de 2025

Una crítica al Día de la Virgen: Reflexiones incómodas


Nota: Lo que sigue es una opinión personal fuerte, no pretende ofender creencias sinceras, sino cuestionar manifestaciones sociales concretas.



¿El Día de la Virgen? Déjame despotricar un poco sobre este circo anual disfrazado de devoción. ¿En serio necesitamos otro día de histeria colectiva donde la espiritualidad genuina queda ahogada en ruido, consumo y performatividad vacía?


Primero, la hipocresía monumental: miles "honrando" a la virgen mientras ignoran por completo los valores que supuestamente representa—compasión, humildad, solidaridad. ¿Esa procesión multitudinaria con fuegos artificiales y alaridos realmente refleja contemplación espiritual? Parece más un evento deportivo o un concierto.


Segundo, el negocio descarado. Vendedores de velas, estampitas, comida chatarra y toda clase de baratijas "milagrosas" haciendo su agosto (o diciembre). La espiritualidad convertida en commodity, la fe en transacción comercial.


Tercero, el caos urbano. Calles cerradas, transporte colapsado, basura por todas partes, vecinos sin poder descansar porque el fervor se mide en decibeles. ¿Qué virgen de humildad querría semejante despliegue de molestia comunitaria?




Cuarto, la desconexión total con los problemas reales. Gasta millones en flores para una imagen mientras hay gente durmiendo en la calle. Horas dedicadas a procesiones que podrían ser horas de voluntariado real ayudando a personas vivas.


Pero lo más irritante es la presión social para participar. Si no te sumas al espectáculo, eres el aguafiestas, el que "no tiene fe". Como si la espiritualidad fuera un evento masivo obligatorio y no una reflexión personal.


¿Y qué queda después? Fotografías en redes sociales, resacas espirituales y... hasta el próximo año. Cero transformación social, cero profundización ética, solo el ciclo repitiéndose.


Si tu fe es genuina, ¿realmente necesitas este circo anual para expresarla? ¿O quizás podría manifestarse mejor en actos silenciosos de bondad, en coherencia diaria, en verdadera comunidad?


En conclusión: No estoy en contra de la fe personal. Estoy en contra del espectáculo vacío que secuestra símbolos religiosos para convertirlos en excusas para desmadres colectivos, negocio turbio y conformismo social disfrazado de devoción.


La verdadera espiritualidad no necesita estruendo. Y definitivamente no necesita un día en el calendario para ser recordada. Debería ser algo vivo cada día, o no es nada.



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